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Grandes incendios contaminan la infraestructura hídrica

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Ciudad de México, 19 Febrero (MENSAJE POLÍTICO /CÍRCULO DIGITAL).-Los incendios forestales tienen una consecuencia para las comunidades que se presentará con el tiempo: la contaminación química generalizada de la infraestructura hídrica, que afectará a los sistemas de agua potable y a los consumidores, por varios años.

Los incendios forestales plantean niveles de riesgo para el agua potable que se desarrollan con el tiempo y la geografía, con efectos que surgen años después, a veces fuera de la zona de quema, dependiendo de a dónde las vías fluviales lleven los contaminantes.
Los administradores de servicios de agua, ingenieros y científicos han comenzado a lidiar recientemente con los efectos posteriores de incendios que consumieron vecindarios y pueblos enteros, como en California, y que en el proceso, liberan docenas de contaminantes artificiales en las líneas de agua.
“Los incendios van a afectar el agua”, dijo Monica Emelko, directora del grupo de Ciencia, Tecnología y Política del Agua de la Universidad de Waterloo, en Ontario. “Va a costar mucho y va a ser malo”.
La preocupación inmediata entre los funcionarios del gobierno después de un incendio forestal es que las bacterias han ingresado al agua. Las autoridades emiten advertencias sobre el agua hirviendo, aseguran fuentes alternativas de agua si pueden, como transportar agua en pipas, y piden a la gente usar agua embotellada.
Los incendios forestales que diezmaron la mitad de la Isla Canguro en el estado de Australia del Sur, destruyeron parte de una planta de tratamiento de agua, dejándola inoperable durante casi tres semanas y enviando a los funcionarios de servicios públicos a proteger a los residentes y encontrar fuentes alternativas.
«Surgen problemas mayores. Los administradores de agua australianos enfrentan ahora el desafío de la inmensidad del daño de esta temporada de incendios», dijo Erin Cini, gerente de comunidades habitables en la Asociación de Servicios de Agua de Australia, un grupo industrial.
“No encontrarás profesionales del agua australianos que nieguen el cambio climático”, dijo Cini. “Si esta es la nueva normalidad, entonces la industria del agua seguirá aprendiendo e invirtiendo en preparación”.
Las partes más pobladas de Australia obtienen su agua de la lluvia, que drena a través de cuencas forestales que han sido “severamente dañadas”, afirmó Stuart Khan, profesor de la Escuela de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Nueva Gales del Sur.
Algunos incendios han estado ardiendo desde octubre, y los administradores del agua deben dirigirse de manera segura a las áreas de captación para evaluar el riesgo que enfrentarán las instalaciones de tratamiento.
Entre más intensa sea la quemadura dentro de la cuenca, mayor será la escorrentía, dijo Cini. Si el daño es en pendientes pronunciadas, eso empeora. Las cenizas, los árboles, los cadáveres de animales y otros contaminantes que dejan los incendios forestales pueden fluir hacia embalses que suministran agua potable a las comunidades. Y la pérdida de vegetación significa que los suelos de las cuencas hidrográficas son menos estables y propensos a la erosión en las vías fluviales, apuntó Khan.
Sidney, una ciudad de 5.2 millones de personas, extrae alrededor del 80 por ciento de su agua de la presa de Warragamba. Alrededor del 30 por ciento de su extensa área de captación se ha quemado. Lluvias extremadamente intensas en el fin de semana arrojaron la primera ola seria de escombros y sedimentos a las fuentes de agua, aumentando su turbiedad. Las empresas de agua han “instalado un control de sedimentos en las cuencas y depósitos”, dosificando agua con carbón activado en polvo y utilizando otras fuentes de agua, dijo Cini.
Al igual que los servicios públicos de agua dondequiera que se hayan propagado los incendios forestales, las autoridades de Nueva Gales del Sur han establecido barreras a lo largo de los afluentes a su embalse para atrapar grandes escombros, como árboles y cortinas de limo en la presa, para reducir la entrada de sedimentos en el proceso de tratamiento.
La escorrentía de cenizas también puede tener efectos más duraderos en las fuentes de agua potable que no son evidentes de inmediato. Cuando la vegetación arde, el fósforo y el nitrógeno terminan en la ceniza, que luego escapa a las vías fluviales. El exceso de fósforo y nitrógeno puede estimular la proliferación de algas y el crecimiento de cianobacterias en cuerpos de agua meses, o incluso años, más tarde, a veces lejos de las áreas quemadas.
Las cianobacterias, o algas verdeazuladas hacen que el agua huela mal, y pueden producir toxinas como la microcistina. El cloro utilizado en el tratamiento del agua puede descomponer las cianobacterias, pero la proliferación de las bacterias en las vías fluviales aún sería una amenaza para las mascotas, el ganado y la vida silvestre.
Cini estimó que las empresas de servicios de agua podrían estar lidiando con los efectos de los incendios forestales, incluidas las floraciones de algas, por hasta tres años.

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