Que ruede el patético balón

La mandataria, seguramente, no quiere sufrir una humillación similar ante unos seis mil millones de aficionados, que la miraran, alrededor del mundo. Pese a que dice tener 70 por ciento de aprobación de su mandato, en casi dos años. FOTO: Especial

Staff Balón Cuadrado


Ciudad de México, 10 de junio (BALÓN CUADRADO.–Nunca que se recuerde, en casi 100 años de mafiosa historia esférica, que comenzó en Uruguay 1930, y que va por 23 ediciones, un mundial se había celebrado en un país quebrantado como México. La mayor parte de sus dos millones de kilómetros cuadrados está en manos de la delincuencia organizada-. Vive una guerra pacífica ante la laxitud del poder o en connivencia con él.

Un hecho que ensombrece aún más el arranque del torneo es la inasistencia de la presidente, Claudia Sheinbaum Pardo, al acto inaugural en el Estadio Azteca. En contraste sí estuvieron presentes, en 1970, Gustavo Díaz Ordaz; en 1986, Miguel de la Madrid Hurtado. Ambos fueron ferozmente abucheados. El primero por la matanza del 2 de octubre de 1968, en Tlatelolco. Y el segundo porque el país se le fue de las manos tras los terremotos de 1985.

La mandataria, seguramente, no quiere sufrir una humillación similar ante unos seis mil millones de aficionados, que la miraran, alrededor del mundo. Pese a que dice tener 70 por ciento de aprobación de su mandato, en casi dos años.

El Torneo que inicia en una hora, ratificará que el Tri es un equipo mediocre por culpa de los dueños del balón. Impensable su ansiada quimera: terminar entre los ocho primeros lugares 48 equipos. Ni con un milagro llegaría a ese paraíso.

Para colmo, un mar de graves problemas sociales en México, antes de comenzar, amenazan con eclipsar, ensombrecer, empañar, el mundial, que se suman a la inseguridad. Incluido el ácido enfrentamiento, para hacer valer sus derechos, entre dueños de palcos del estadio Azteca, que representan unos 16 mil asientos de un total de 81 mil- con el comité organizador, el dueño del Coloso de Santa Úrsula y la FIFA

A unas horas de que enfrente a Sudáfrica, en la cancha del estadio Azteca, el llamado Tri, por diversos motivos, ha quedado relegado en cinco justas y registra 17 asistencias -de un total de 22 torneos-, hasta hoy:

En Italia 1934 no clasificó en el proceso eliminatorio. En Francia 1938 no participó. Para Alemania Federal 1974 quedó eliminado. En España 1982: no superó la fase de clasificación de su zona de Concacaf.

Y en Italia 1990 no participó debido a un castigo impuesto por la FIFA, derivado del famoso escándalo de los tristemente célebres “cachirules” (alineación indebida de jugadores en la categoría Sub-20, en un torneo en Guatemala).

A lo largo de la historia, y pese a ser sede -con Estados Unidos y Canadá- de tres copas del mundo, solo ha disputado el malhadado quinto juego en 1970 y 1986, como país anfitrión. Hace 40 años que no lo hace.

Los llamados súper  Ratoncitos Verdes son eternos campeones de la derrota,  igual que el país, hace 500 años.

Resulta casi demencial que hoy haya una representación nacional digna de México, cuando hay ocho millones de futbolistas amateur en todo el país.

El balón es nuestro oscuro espejo.

Pero no por culpa de ellos, sino de los Zares del balón, encabezados por Emilio Azcárraga Jean, dueño de la poderosa, Televisa, el club América y el Estadio Azteca y, también, de la conciencia de un pueblo -poco más de 130 millones de habitantes- a través de sus noticieros, telenovelas y el futbol. Por encima de las redes sociales. Es la empresa de comunicación más poderosa de habla hispana en el mundo, a la oscura sombra del poder en México: PRI-PAN-Morena.

Ellos y sólo ellos, los dueños de clubes, son los verdaderos roedores, no

jugadores ni técnico.

Porque desde la década de los 70 manejan este deporte con los pies.

Y, para infortunio de la afición, no cambiarán.

Suele calificarse “fracaso”, por lo general, la eliminación de México de estos torneos. En sentido estricto no lo es. Porque los zares del balón apuestan todas sus fichas a la derrota. A ellos les importa el dinero no el desarrollo de este deporte.

Por eso, también el Tri no representa a la patria. Salta a la cancha en defensa solo de aviesos intereses empresariales, enfundados en la camiseta tricolor y acorazados por el himno y la bandera nacionales.

Fervor nacional como negocio.

Seguirá jugando como nunca, perdiendo como siempre.

Para eso pusieron a Javier Aguirre, en la dirección técnica, por tercera vez.

Él se encargará de sacar las castañas del comal, como se dice coloquialmente.

Es hábil para eso.

IA y el mundial

A través de un ejercicio con Inteligencia Artificial en el que se corrieron 10 mil simulaciones con los partidos del Mundial, que se disputará del 11 de junio al 19 de julio, dicta que México tiene 1% de probabilidad de ganar el Mundial, por detrás de seleccionados que parecerían estar en la misma línea, como Estados Unidos (1.2%), Japón (1.2%), Ecuador (1.4%) y Suiza (1.7%).

Un matemático alemán, Joachim Klement desarrolló un modelo predictivo que ha acertado los campeones de los pasados tres mundiales, estima que Holanda, ahora Países Bajos, será el campeón en 2026.

Y lo hará  después de eliminar a España en Semifinales y a Portugal de Cristiano Ronaldo, en la gran final.

Su pronóstico desafía a las selecciones favoritas tradicionales como Francia, España o Brasil.

Parecido a lo que hizo el pulpo Paul, en mundiales anteriores, ha sido asertivo en tres predicciones: Alemania, 2014, Francia, 2018 y Argentina, 2022.

Kement basa sus predicciones en factores socioeconómicos y demográficos en lugar de solo analizar el nivel táctico o deportivo. Sus pilares son: ranking FIFA, PIB per cápita, tamaño de la población con tradición futbolística, clima de cada país, siendo los 14 grados centígrados la temperatura adecuada para desarrollarse en futbol, ventaja de ser anfitrión, dificultad de la fase de grupos y las llaves de eliminatoria directa.

Curiosamente también incluyó, algo profundamente subjetivo: suerte

Sí: que ruede en inhumano balón.

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