Glorieta de Colón
A muchos no gustó lo que propuso la jefa de Gobierno, Clara Brugada, de que “sería bueno bajarle a la nota roja” en la televisión, y hasta lo tergiversaron como si hubiera pedido un “pacto de silencio”, lo que nunca ocurrió. El tema es que algunos noticiarios y canales de televisión llegan a difundir una misma noticia roja más de 30 veces un mismo día. O sea, más que informar, generan morbo para ganar rating y dinero de publicidad. Las televisoras son concesiones públicas obligadas a una responsabilidad social, por lo que moralmente sí deberían bajarle a la sobreexposición de la nota roja, porque además las transmiten en horarios de niños y adolescentes, a quienes les van formando la idea de la normalización de la violencia. La televisora que prácticamente es la dueña del Mundial debería hacerlo, al menos por estrategia para su negocio. Brugada precisó: “Ni pacto de silencio ni censura. Sí necesitamos un diálogo, necesitamos un diálogo abierto sobre la función social de los medios de comunicación, sobre la ética periodística y también sobre la relación entre los medios y el gobierno. En esta ciudad hay plenas libertades y derechos. No hay censura ni persecución por ejercer la labor periodística como antes ocurría y lo que todo mundo sabe, eso es cierto, es que algunos medios de comunicación no están de acuerdo con los gobiernos de la transformación”, dijo un día después.
Fue una marchita
Finalmente, resultó una marchitita la de los integrantes del Sindicato de Trabajadores del Metro que llegaron hasta el zócalo, para alertar incluso a los usuarios de ese sistema de transporte que están en riesgo por falta de mantenimiento. Hablaron que realizarán paros de labores, lo que casi nadie tomó en serio, porque francamente resultó poco concurrida la manifestación, a pesar de que su líder charro, Fernando Espino estaba al frente. El que no apareció por ningún lado para dialogar con los trabajadores fue el director general del Metro, Adrián Rubalcava, a pesar de que se supone es muy amigo de Espino, quien no dice mentiras cuando advierte que todos los trenes del Metro son un riesgo latente porque carecen de mantenimiento mayor, y algunos convoyes por eso dejaron de funcionar.
