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Ochoa Reza, entre la provocación y el repudio

Tras la puerta del poder

*Roberto Vizcaíno

La llegada de Enrique Ochoa Reza a la dirigencia nacional del PRI, y sus desplantes, profundizan cada vez más un sentimiento encontrado entre los viejos y nuevos cuadros priístas.
No falta entre unos y otros quienes lo apoyan y los que simplemente no lo quieren ni aceptan y, bueno, hasta lo repudian.
Quienes lo toleran, confiesan que lo hacen porque, si bien no están totalmente de acuerdo con sus pronunciamientos, acciones y decisiones, están conscientes que al PRI le hacía falta un cambio de fondo.
Otros por el contrario recriminan su imposición, y que además sea un tecnócrata. No le perdonan a EPN habérselos enviado luego de sacarlo del fondo de la chistera.
Un dirigente más que evidentemente sin mayores antecedentes partidarios, inexperto e insensible que se ha dedicado a abrir frentes, a horadar y hundir más al PRI con acciones y planteamientos que los mexicanos convierten en bumerangs en memes contra el tricolor.
En los dos frentes coinciden en un punto: que era esencial que, antes de colocar un nuevo dirigente, luego de los pésimos resultados del 5 de junio, el presidente Enrique Peña Nieto y los liderazgos sectoriales hubieran promovido la reflexión y la catarsis interna.
De ahí, dicen, debió salir un líder de unidad y una estrategia de recuperación y futuro.
No se hizo nada de eso.
Y Ochoa Reza llegó con un discurso lleno de grandes alcances que sólo provocó enormes dudas. Prometió que a partir de ese momento el PRI sería el principal persecutor de los corruptos del sistema, que tendría incluso un organismo anticorrupción interno y que de secretarios de Estado y gobernadores hacia abajo todos deberían acudir a rendir cuentas y a someterse a revisiones dentro del PRI.
Propios y extraños entendieron que Peña Nieto hablaba a través de Ochoa Reza.
Pero han pasado justos 3 meses y días desde que tomo posesión el 12 de julio pasado, y en ese lapso sólo ha logrado retirarle sus derechos partidarios –que sin otras acciones no significa nada-, al ahora gobernador veracruzano con licencia Javier Duarte.
Hacerlo dio la impresión de que fue complicado y casi a regañadientes.
Y mientras se actuó contra Javier Duarte se dejó ir a los otros dos que eran señalados como igualmente corruptos y depredadores presupuestales, hablo de los ahora ex gobernadores de Chihuahua César Duarte y de Quintana Roo Roberto Borge. A ver ahora quién los alcanza en su huida.
Sin acciones los discursos son demagogia.
Ningún funcionario, de ningún nivel, ha sido llamado a rendir cuentas al PRI como dijo Ochoa Reza se haría. Tampoco se ha creado el órgano anticorrupción dentro del PRI. Y por ahí anda ya preparado para tomar el poder en la sufridísima y saqueadisima Oaxaca Alejandro Murat, quien ha sido exhibido como el primer prestanombres o juanito de su papá, el por demás oscuro e impresentable exgobernador José Murat, con inmuebles hasta en Manhattan. En fin.
AL LADRÓN, AL LADRÓN
Colocado en una posición por demás endeble, con un Comité Ejecutivo de cuarta, recientemente nombrado, en lo que analistas ven como un paso para ceder la Presidencia de la República en 2018 al PAN, a Ochoa Reza no le queda más que apuntar y gritarle a los de la banqueta de enfrente.
Así ya aburre con su insistencia de un debate con Andrés Manuel López Obrador y suena más a una argucia de distracción su denuncia contra Ricardo Anaya a quien acusa de encubrir en su huida a Guillermo Padrés.
Eso a partir de que Anaya reconoció que Padrés, ya con orden de aprehensión, estuvo la semana pasada en la sede nacional del PAN, y nadie de ese partido lo reportó a las autoridades
Y eso es encubrimiento asegura Ochoa Reza, y tiene razón.
Pero a cada una de sus denuncias le presentan otras. Dicen que bien que acuse a Anaya, pero que él tendría que haber actuado primero contra sus corruptos, y de hacer realidad sus promesas de llamar a cuentas a funcionarios priístas señalados como dudosos operadores de los dineros públicos.
REGAÑA A PRIÍSTAS
El escozor de los priístas de base y dirigentes es mayor, porque Ochoa Reza se le ha hecho fácil acusarlos de las derrotas sufridas el pasado 5 de junio.
En Quintana Roo regañó a los militantes porque, dijo, buena parte de ellos simplemente no participaron en el proceso anterior en apoyo a sus candidatos y entonces sobrevino la derrota.
Se quedaron de “brazos caídos”, les dijo.
El reproche cayó como sal en herida abierta porque con ello Ochoa Reza hizo a un lado la causa principal del desastre priísta en ese estado, desastre que todos atribuyen a la terquedad del exgobernador Roberto Borge por impedirle a Carlos Joaquín –ahora gobernador surgido de la alianza PAN-PRD-, ser el candidato del tricolor.
Todos ahí tienen absolutamente presente que esa tozudez derivó en una guerra interna que a su vez provocó la ruptura del PRI, y su derrota.
Por ello es que sus comentarios de que los fracasos priístas se deben a que hay quienes no participan en procesos electorales, a quienes se ausentan, a quienes se quedan de brazos caídos sólo profundizó el rechazo a su dirigencia.
Sin la mayor sensibilidad ni aceptación de las causas reales de la derrota, Ochoa Reza llegó a decirles que si no lograban mantener la unidad dentro del PRI, entonces los priístas de Quintana Roo correrían la suerte de los de BC, Michoacán o la capital del país, donde el tricolor no gobierna desde hace años.
En lo que pretendió ser un discurso pro-activo, los invitó a construir una nueva unidad, que dé fortaleza al tricolor quintanarroense en el proceso electoral de 2018.
Y todavía tuvo el valor de exigirles que los resultados del pasado proceso del 5 de junio no los desanime, enoje, desilusione o frustre, sino que los lleve a unirse dentro de un PRI fuerte, listo para la contienda del 2018.
Sí cómo no.
DURANGO EN LAS MISMAS
Dueño del micrófono en los actos estatales que encabeza, Ochoa Reza repite la formula discursiva en el sur, centro o norte del país.
Así llegó también hace unos días a Durango a advertirles a sus bases que en el PRI ya no habría “ni imposiciones ni traiciones”.
Pero el caso es que todos saben en Durango que ahí el PRI perdió porque al igual que Borge en Quintana Roo, en Durango el gobernador Jorge Herrera se empecinó en imponer a Esteban Villarreal cuando quien tenía todo para ganar era la senadora Leticia Herrera.
Con su discurso y señalamientos Ochoa Reza sólo profundiza las rupturas estatales del PRI.
Esta semana la inicia con una gira en Veracruz. Nomás que no salga con que los priístas veracruzanos tuvieron la de lo que es hoy Duarte.
 

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