Los tolucos, aterrados frente a Trump

OPINIÓN

FRANCISCO RODRÍGUEZ

Cuando la política exterior de nuestro país era manejada por diplomáticos y políticos profesionales que entendían las vicisitudes y la conformación de las estructuras de poder en el vecino del Norte, existía una regla de oro en la Secretaría de Relaciones Exteriores: para negociar en las mejores condiciones, era preciso “mamar y dar de topes”.

Fue una consigna vital para la supervivencia política y económica de nuestro país. Aunque sonara rudimentaria, era la efectiva. La recetaban los viejos expertos como Manuel Tello, los académicos estudiosos de los problemas que generaba la vecindad, como Daniel Cosío Villegas, y los prácticos aguzados, como Antonio Carrillo Flores, quienes conocían las entrañas del monstruo.

‎En esencia, ante cualquier presión desaforada, lo que recomendaban era poner contra las cuerdas al contrincante, exigiéndole más, mucho más de lo que sus capacidades reales y sus alcances políticos les permitían. Era una recomendación de expertos, de los que sabían que la política exterior era una prolongación de la interna.

Del mismo modo que, como señalaba el teórico de la guerra Karl von Clausewitz, la guerra era una prolongación de la política. ‎Todo correspondía estructuralmente a los mismos intereses.

Los viejos diplomáticos sí sabían tratar a EU

Esa recomendación nunca fue fácil de entender. Los diletantes de la diplomacia la tomaban como una ocurrencia, sin ir al fondo de sus alcances y motivaciones. Los diplomáticos de carrera la respetaban en todo su valor, pues eran gente experta que sabía, a profundidad, cómo se manejaban las cosas entre los jerarcas y los grupos de presión al interior del coloso con pies de barro.

Ellos, los expertos y los viejos conocedores, eran especialistas en la negociación diplomática, chuchas cuereras en las formas de incidir en la toma de decisiones políticas. Tenían entre las manos la baraja completa, y sabían hasta donde era menester estirar la liga. Cuándo bluffear y cuándo jugar abierto.

‎No confundían el poder político de los mandatarios estadunidenses con el poder real de las grandes corporaciones empresariales. Ni confundían la simple representación de los intereses con el lobbying auténtico, que es una forma de participación política, a través del cabildeo, con el decision making power.

No confundían ‎a los cabilderos con los detentadores del poder real. Nunca se dejaron llevar por presiones irreales, por fantasías de supuestos poderosos. Trataban a cada uno como correspondía tratar, ni más, ni menos, a los actores que se desempeñan en la arena pública, por exagerados que fueran los fastos que ostentaba cada uno.

Las ideas diplomáticas de México rigieron en LA

Siempre ubicaron, en su justa dimensión, a los braveros que pululaban en la política estadunidense, como a los consentidos de las dinastías, como a los simples detentadores del poder formal, que no tenían una sola autorización del poder real para actuar en su nombre.

A ellos se deben grandes triunfos en el área ‎diplomática mexicana. Aquéllos que lograron hacer pasar por México a los futuros cancilleres de los países emergentes, a los negociadores de los intercambios comerciales fundamentales, a los que pretendían nuevas reglas en el trato internacional, a los líderes revolucionarios.

Las ideas sobre política exterior que rigieron en el Continente latinoamericano surgieron de nuestro país durante muchos años. Incluso, los grandes fundadores de la escuela brasileña de Itamaraty‎, famosa por su desempeño de avanzada , abrevaron en esas fuentes, lo mismo que los teóricos que propusieron metas sustanciales.

Antes de tomar cualquier decisión que afectara la estructura política de sus países, los términos de intercambio comercial, las posiciones políticas frente a los cataclismos internacionales, las que tenían que ver con su grado de desarrollo relativo y su peso en el contexto mundial, consultaban a los colmilludos veteranos mexicanos.

Entonces, todo giraba en torno a “mamar y dar de topes”

‎Nuestros cancilleres siempre fueron expertos en ubicar estratégicamente los puntos de negociación. Para ello, contaban con elementos esenciales que debían desempeñarse en el tablero: los grandes líderes sociales, cuyos rostros eran desconocidos para los enviados del Tío Sam.

‎Un grito, una manifestación, una declaración oportuna de los conductores de masas del agrarismo o del sindicalismo, era un punto de apoyo básico para asustar con “el petate del muerto”, a quienes maquinaban arrasar con los flancos débiles, con los fundamentos de la soberanía. Como país débil no quedaba otro camino.

Todo giraba en torno a “mamar y dar de topes”.‎ Defenderse como gato boca arriba, a falta de un ejército guerrero o maquinaria armamentista de primer nivel, o presiones productivas, que nunca tuvimos. Todas, eran las armas del conocimiento, los artilugios políticos, las maniobras de ajedrez, los movimientos oportunos de las piezas clave.

Emblemática anécdota de Adolfo López Mateos

El conocimiento cabal de hasta dónde llegaba el poder del adversario. Para distinguir con precisión entre las bravatas y las amenazas reales. Sin ese conocimiento era francamente imposible enfrentar al enemigo, en cualquier terreno. El manejo de la política exterior tenía que estar a cargo de verdaderos enciclopedistas de la política real.

‎Fue emblemática la anécdota ocurrida durante una visita a Washington, de Adolfo López Mateos. A una exigencia de Dwight Eisenhower de que le ofreciera reformar el artículo 27 Constitucional, el canciller Manuel Tello aconsejó al de Atizapán que contestara, simplemente:

“Sí, señor Presidente. Yo le puedo firmar aquí, pero no respondo que al llegar a México, los viejos luchadores sociales me cuelguen del asta mayor del Zócalo, por pendejo” . El viejo General de cinco estrellas, apechugó, no supo qué contestar… no sabía cuáles eran los rostros que defendían al postulante… y el asunto durmió por muchos años el sueño de lo imposible.

De cabeza el gobiernito, ante las posibilidades de Trump

‎La posibilidad de que un bravero como Donald Trump inaugure gobierno republicano el 20 de enero del 2017, pone de cabeza al sistemita naconal. El desvalido Eruviel Ávila, cuyas luces no alcanzan ni para caminar bajo la luna, ha convocado a una cruzada nacional de mentecatos y quincalleros para protestar airadamente, con la ilusión de que impidan el ascenso del esquizoide a la Casa Blanca (la de Washington). De carcajada.

Los “líderes” de partiditos, Cámaras y organizaciones chafas, gobernadores, embajadores “académicos”, secretarios de Despacho presidencial –no, no son secretarios de Estado– y todo tipo de achichincles cercanos al poder de Los Pinos, han sido azuzados por los tolucos para que se rasguen las vestiduras en público, creyendo que sus posturas influirán en el voto gabacho. De risa loca, y de preocupación por la ignorancia supina de los mandatarios en turno.

Hoy sólo nos quedan los anexionistas descastados

No ha habido una alma caritativa que les explique, con peras y manzanas, que en la relación México – Estados Unidos existe un interés común en las cúpulas financieras, económicas, comerciales y empresariales del Tío Sam, que rebasa cualquier grito o amenaza aspiracional de un bravero como Donald Trump, un demente en toda la línea.

No los han enterado que quien toma las decisiones fundamentales de los estadunidenses, no es quien está sentado en el Salón Oval, sino quienes tienen efectivamente el mando de la economía agropecuaria, militar, industrial, armamentista, química, del narcotráfico, financiera y global que mueve a la desastrada economía norteamericana.

Ellos son los que verdaderamente gobiernan. Algo que los tolucos y los pachuquitas deberían haber aprendido en dos o tres libros clásicos sobre el asunto. Pero no los leyeron.

¡‎Y así no se puede! ¡Seguirán ladrando como los perros de rancho! Sólo el primer can sabe por qué lo hace. Los últimos, nunca se enteran de las razones.

La pobre secretaria de Relaciones Exteriores –con todo y la ayuda de su tío, Carlos Salinas de Gortari, y de los empleados de éste, como Jorge Castañeda– no sabe ni dónde está parada. El Presidente, menos. ¿Será que existe? Los expertos ya se murieron. Sólo quedan los anexionistas descastados, a quienes lo único que preocupa es si seguirán recibiendo sus moche$.

De pena ajena, ¿a poco no?

Índice Flamígero: Destaca, entre los aspirantes a convertirse en diputado constituyente de la CDMX, el perfil del priísta Gustavo Sotelo y, sobre todo, las propuestas que lleva bajo el brazo. Cuenta con experiencia en el ámbito legislativo, ya que ha ocupado cargos de relevancia en ambas cámaras del Congreso de la Unión, y propone una efectiva coordinación metropolitana para el uso racional de recursos y, entre otros, en aspectos de movilidad.

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