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Brexit duro vs. Brexit blando

Por la Espiral

*Claudia Luna Palencia

Yo estudié a Anatole Kaletsky en el cuarto trimestre de la carrera de Economía, se trató de un artículo suyo, que hablaba del devenir del capitalismo tras la caída del Muro de Berlín y lo que parecía ser el final de la Guerra Fría.

      El mundo estaba sacudiéndose, para el economista y periodista moscovita afincado en Gran Bretaña, el capitalismo había entrado en un tránsito (ya sin el contrapeso del comunismo) erigido entonces en la única respuesta fehaciente como modo de producción.

            Kaletsky no ha sido precisamente un abierto defensor del capitalismo a ultranza pero con el tiempo y viviendo además en un país abiertamente capitalista ha suavizado algunas de sus críticas más feroces.

            Pero en 1993 en que un artículo suyo cayó en mis manos, en el planeta tierra no se tenía ni idea de que la globalización nos llegaría en ciernes para devorarnos en sus entrañas; la moda de los acuerdos comerciales y tratados  se pondría a la orden del día; México  se convertiría en uno de los países con más acuerdos y tratados comerciales firmados; la Unión Europea tendría una moneda común y habría más países integrándosele y Londres se convertiría en la City gracias a que el todopoderoso capital árabe se trasladaría a la capital de Gran Bretaña tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y también por la   asonada bélica llevada a cabo por Estados Unidos en diversos países de Medio Oriente.

            Pero todo eso forma parte de nuestra actual realidad, ¿más bueno que malo o viceversa? Con la crecida de la corriente neoproteccionista  algunas voces enarbolan la vuelta a la cerrazón económica y comercial.

            Gran Bretaña ha sido el lumen, nadie creía hace cuatro meses que los británicos consumarían  en un referéndum la decisión de irse de la UE.  Ahora sin David Cameron pero con Theresa May al frente, la consumación definitiva de la ruptura ya tiene fecha: la primavera de 2017.

            A lo hecho… pecho. Aunque cada día aumentan más las voces internas en la isla británica por impedir semejante dislate y hay desde quienes piden la repetición del referendo o inclusive voces como la de Kaletsky sugiriendo un Brexit blando; esto es, no irse del todo de la Europa integracionista.

            En su más reciente artículo titulado “Salvar Europa revirtiendo el Brexit”, Kaletsky reflexiona en torno a los crecientes desafíos de lo que en el seno de la Comisión Europa califican de “multicrisis”.

            Es decir, una bomba de racimo, formada por cinco partes fundamentales: 1) El Brexit. 2) Los flujos migratorios. 3) La austeridad fiscal. 4) Las amenazas geopolíticas de Oriente. 5) La democracia liberal en el centro de Europa. Todo eso combinado entre sí hace un cóctel explosivo que puede terminar dinamitando a la UE.

A COLACIÓN

            No hay que ser un erudito para prever que tras la salida del Reino Unido, en las elecciones de Francia del próximo año, Marine Le Pen pondrá como baza al electorado galo que vaya a las urnas a manifestar si quiere seguir en la Unión Europea.

            Kaletsky que ya lo atisba propone que se lo piensen dos veces tanto Gran Bretaña como el resto de los europeos y se den una nueva oportunidad, si no se repite la votación al menos, añade, que May suavice la ruptura; que sea más light, un Brexit blando en el que al menos se conserven los lazos económicos, comerciales y de negocios más significativos entre británicos y el resto de los europeos.

            Un Brexit blando en el que se deje en un apartado el tema de la libre movilidad de las personas europeas en la isla, entre corchetes, aunque eso sí defendiendo lo que más les preocupa que es el tema de los cupos migratorios en general porque aquí el tema no es únicamente que los sirios les lleguen de repente es que están hasta las narices de recibir gente de toda Europa que aprovecha su condición de primera línea debido a su pasaporte europeo.

            Para el economista todavía se puede salvar el matrimonio aún es tiempo de buscar una conciliación y reconciliación antes de abrir la compuerta maldita.  Hacerlo buscando fórmulas para controlar los flujos migratorios e impedir que además de dinamitar a la UE siga pasando factura a las arcas de cada país bajo el entendido de que los cupos humanos imprevistos provocan una presión fiscal adentro de cada nación receptora.

            Va surgiendo una lluvia de ideas sobre todo de mediadores en son de paz, falta que May lo entienda, aunque la primera ministra en su corto tiempo como inquilina de Downing Street está mostrándose más bien hostil anunciando medidas que  desnudan tiempos de persecución contra el inmigrante sea de donde sea.

            Qué curioso, Grecia con su primer ministro Tsipras amenazó con irse  del euro el año pasado, y aunque Gran Bretaña nunca ha estado en la moneda única sí consumó el verano pasado el referendo para irse de la UE. Lo que el país débil necesitado del oxígeno presupuestal de la UE no llevó al paroxismo sí lo hizo el país fuerte que está hasta el copete de ayudar a los más débiles. Cuestión de economía Mr. Kaletsky.

@claudialunapale

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