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Impunidad como gobierno

Análisis a Fondo

Francisco Gómez Maza

 

· Te alineas o te mueres, cabrón

· 8 periodistas asesinados en 2018

Ser periodista en México en vivir, o al amparo de la corrupción gubernamental, que controla a “periodistas” mediante millonarios pagos por propaganda o publicidad (llamados chayotes, cochupos, peines, igualas, payolas, embutes), o vivir descobijados por la impunidad de que gozan los agresores, secuestradores, asesinos, que cumplen la función de acallar las voces críticas del periodismo.

En México se desempeña, en los grandes medios, una clase de autodenominados periodistas, que son utilizados por autoridades gubernamentales, principalmente la presidencia de la república, para hacer propaganda de las “bondades” oficiales, de esas buenas noticias que refiere la publicidad oficial y no me pidan que los nombre porque tan sólo de pensarlos me da náuseas. Algunos fueron condiscípulos míos, otros los fui conociendo en el camino.

Recuerdo a uno, ahora muy importante comentócrata de uno de los más poderosos emporios de la televisión que, desde sus inicios como reportero, mostró el cobre de la manipulación, del robo de información y de la corrupción.

Cubríamos un grupo de reporteros para los nueve periódicos impresos, que circulaban en la Ciudad de México, lo que pasaba en el aeropuerto Benito Juárez, ahora parte del deleznable litigio por un gran negocio aeroportuario cuyos futuribles pingües beneficios habrían sido sólo para un grupo de notabilísimos empresarios.

Todos los reporteros que cubríamos el aeropuerto trabajábamos, principalmente entrevistando a personalidades del mundo político, empresarial, cultural, de la farándula que viajaban cotidianamente. Escribíamos la información en bruto para que cada quien le diera el enfoque de su periódico.

Y este individuo, al que me referí como comentócrata de la televisión actual, llegaba a nuestra sala de trabajo, más o menos a la hora de la comida. Recolectaba toda la información que habíamos trabajado durante la mañana y se iba. Enojados, un día no dejamos en la mesa ni una copia de nuestro trabajo. Cuando llegó no encontró nada. Calladito se retiró, pero estuvimos seguros de que ese día no llevó ni una nota a su periódico. Y así lo seguimos haciendo. No dejábamos nada de información en la mesa, de modo que no podía cosechar absolutamente nada.

Ese tipo de “periodistas” es de los consentidos del presidente de la república y de los funcionarios de gobierno.

Pero hay otros, esto sí periodistas sin entrecomillados, que se rifan la zalea diariamente en lo que podríamos llamar campo de batalla. Son los reporteros mal pagados, explotados por los empresarios del periodismo, cuya satisfacción más grande es ver su nota en la primera plana o en los principales espacios de los medios electrónicos. Son los colegas que publican el irresponsable trabajo de funcionarios federales, de gobernadores, de alcaldes, de presidentes municipales, de personalidades del mundo empresarial, de criminales particulares miembros de la llamada delincuencia, de cuello blanco y armas de oro y piedras preciosas.

Entre estos están los periodistas amenazados, reprimidos, desaparecidos, secuestrados, levantados, torturados, asesinados, tanto por la criminalidad particular como por la criminalidad gubernamental. Un buen porcentaje de amenazas a periodistas proviene de funcionarios gubernamentales de diversos niveles de gobierno. Alguien calcula que son el 42 por ciento. Son tantas las agresiones oficiales, que a veces uno sospecha que muchas órdenes de asesinatos provienen de ese mundo de corrupción, simulación y cinismo.

Este año de 2018, último del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, quien hizo caso omiso del sufrimiento de los familiares de las víctimas y dedicó pingües presupuestos a enriquecer a los “periodistas” a modo, a los que me referí al principio de esta noca, fueron ocho reporteros los asesinados por criminales impunes ad aeternum: Carlos Domínguez, Pamela Montenegro, Leobardo Vázquez Atzin, Juan Carlos Huerta, José Guadalupe Chan Dzib, Rubén Pat Cahuich, Mario Gómez y Gabriel Soriano son los nombres de los periodistas asesinados en el último año de Gobierno de Enrique Peña Nieto. La cifra de periodistas asesinados durante todo el sexenio es de 47 de acuerdo con las estadísticas de la organización defensora de los periodistas, Artículo 19. No estoy contando la cifra histórica,

Pero algo muy grave y preocupante. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha reportado que el 90 por ciento de los crímenes en este sexenio siguen impunes, lo que da cuenta del total desinterés y desprecio del presidente Enrique Peña Nieto por la vida de los periodistas críticos. Artículo 19 registró 40.4 por ciento más agresiones de enero a julio de 2018, respecto al mismo periodo del año anterior. La inefectividad de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE), de la Procuraduría General de la República (PGR), es contundente.

“Sin justicia, la impunidad es un mensaje para los perpetradores: En México se puede agredir a un o una periodista y no pasa nada. Una muestra es el aumento continuo de la violencia que documenta Artículo 19. Tan sólo del 1 de enero al 31 de julio de este año se registraron 389 agresiones. En 2017, se habían registrado 277 durante el mismo periodo. En innumerables casos parece imposible ejercer un verdadero periodismo crítico en este país. Sólo tienen derechos los “periodistas” (ahora los llaman comunicadores. No sé con quién se comunican) a modo de los intereses del poder gubernamental y de los poderes facticos. analisisafondo@gmail.com

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