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Fernando Espino, acostumbrado a comprar diputaciones y fuero

BLAS A. BUENDÍA

Especial para Expediente Ultra

En un país como México, donde la corrupción predomina y hace torcer al sujeto más débil en materia de honestidad, vivo ejemplo se exhibe en el charro sindical de los incansables y engañados trabajadores del Metro, Fernando Espino Arévalo quien está por regresar a la senda del Poder Legislativo.

Y no es porque sea un líder de avanzada, con ideas “frescas”, sino que se ha eternizado porque gracias a su habilidad de amedrentar a la base trabajadora con ejercer insólitas persecuciones, estos mismos desvalidos jornaleros tienen que avalar las fechorías de tan singular títere de la política mexicana.

Voces fidedignas de gran valía, acusan que el dizque político nacido en el municipio Las Varas, Michoacán, aseguran que tuvo que hincarse ante el Mesías para rogarle que lo cobijara con el otorgamiento del fuero constitucional y evitar que en el futuro inmediato fuera a parar a la cárcel donde ya tiene reservado un sitio con el símbolo de exclusividad, VIP.

En radio pasillo naranja, se escucha que el señor Espino se entrevistó con el hijo de quien alguna vez se hizo llamar histriónicamente el Presidente Legítimo de México, Andrés Manuel López Beltrán, quien luego de escuchar las “necesidades” del charro sindical, optó por aplicarle el mismo sistema que éste ha ejecutado a la base trabajadora, el engaño total y supremo.

Si bien se considera la política como un gran negocio que reditúa bastantes dividendos para sacar de pobres a quienes incursionan en estos quehaceres que buscan a como dé lugar convertirse en diputados locales o federales, es para poseer fuero constitucional y consolidar sus ambiciones de poder, violentando las garantías constitucionales de terceros.

Fernando Espino Arévalo es un sujeto que desde hace 40 años secuestró al ahora Sindicato “Nacional” de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo-Metro, y no ha habido gobierno o sistema de poder alguno que lo pudiera desbancar, destituir o iniciarle un juicio penal por las tantas averiguaciones (hoy carpetas de investigación) que se le han ido acumulando y que indebidamente la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, ha incurrido en la omisión de no ejercer acción penal en contra del michoacano.

El incipiente líder de los trabajadores metristas no ha tenido los alcances necesarios para llegar a un acuerdo personal con el dueño del Partido Morena, Andrés Manuel López Obrador, porque el tabasqueño aun le sigue guardando un rencor personal porque cuando fue jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, pretendió darle un golpe de estado al no sustituir a Espino porque éste contaba con fuero constitucional y apoyado por el partido que finalmente traicionó, que fue el PRI.

Al paso del tiempo, Fernando Espino se transformó en el saltimbanqui de los partidos políticos porque luego de ser prácticamente expulsado de las filas del Revolucionario Institucional, se refugió en Nueva Alianza, luego en el Verde Ecologista para regresas de forma inexplicable al PRI, de donde fue nuevamente corrido por su habilidad de traicionar a quienes le dan cobijo. Una muy mala costumbre y reputación, pero como dice el dicho, “entre traidores te veas…”

Sin contar con el fuero constitucional, Espino se durmió en sus laureles por cuando menos los últimos tres años, es decir, no hizo mucho ruido en el quehacer político nacional, no obstante que ha combinado su liderazgo sindical como imberbe promotor de boxeo profesional sin magnos resultados.

Pese a todo, parece indicar que Fernando Espino Arévalo, el “muchacho” de Las Varas, Michoacán, podría tener la suerte que el precandidato presidencial del partido Morena, Andrés Manuel López Obrador, voltee sus ojos para proteger a otro de los presuntos delincuentes de cuello blanco del quehacer político mexicano, bajo la primicia que AMLO -como Dios Padre y Espíritu Santo de Morena-, lo pudiera librar de sus pecados cometidos en el año 2001, al ponerse al tú por tú, sin que el tabasqueño lograra su objetivo de despojarlo del citado sindicato.

Se dice que el hijo de Andrés Manuel le pidió 18 millones de pesos a Fernando Espino para enlistarlo como posible candidato plurinominal por Morena, solo que aún falta la bendición del dueño partidista para darle patente de corso al famoso cacique del Metro de la Ciudad de México, quien se ha hecho multimillonario por la serie de negocios que ante el amparo del poder político, económico y financiero, ha explotado una mina de oro que se denomina STC.

No obstante de todo ello, a Fernando Espino Arévalo ya lo ven como “un lidercillo apestado”, toda vez que en el último Congreso del Sindicato “Nacional” del Metro, la precandidata morenista al gobierno de la capital de la república, Claudia Sheinbaum, lo trató con desdén al no acudir a clausurar sus trabajos y avalar una nueva reelección del michoacano, de quien se advierte, permanece en el poder por la amplia complicidad de todos sus agremiados.

Porque, afirman, sin él, “democráticamente” no habría prebendas y la explotación de horas extras de trabajo como se registra en oficinas centrales de la calle de Delicias, donde muchos cobran pero no trabajan gracias al abanico de impunidad espinista que los protege indebidamente.

De tal modo que la doctrina jurídica clásica concibe al fuero como aquella prerrogativa de senadores y diputados -así como de otros servidores públicos contemplados en la Constitución- que los exime de ser detenidos o presos, excepto en los casos que determinan las leyes, o procesados y juzgados sin previa autorización del órgano jurisdiccional.

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